Nuestro corazón para el Ministerio

Nuestros Ministerios, o Apostolados, como los llamamos, forman parte de nuestra vida diaria. Nos esmeramos por vivir una vida de servicio diario para extender el amor de Jesús a aquéllos que nos rodean.

La combinación de oración y acción

Vida interior/Oración:

“No podría vivir sin la oración y la fe.” Autobiografía, página 22.

La espiritualidad de las Carmelitas nos invita a estar en unión constante con Dios durante todo el día. Nuestros pensamientos siempre se centran en Él. Toda nuestra vida es una oración porque ofrecemos cada momento a Dios. Cada acción de nuestro día está santificada, independientemente de si estamos en la Capilla, lavando los platos o cuidando de los ancianos y niños. Todo lo hacemos por Él. Nunca nos separamos de Su amor. Todo lo que Jesús hizo en Su vida fue bendito y, cuando hacemos un acto de caridad cuidando a nuestros residentes y niños en nuestro Apostolado, somos Sus manos y Su corazón. Estamos unidos a Él de la misma manera en que las ramas están unidas a la vid. Su gracia fluye por nosotros. Éste es el fruto de una profunda vida de oración.

Durante la oración obtenemos de nuestro Salvador la gracia llena de energía y celo para alimentar espiritualmente a otros, principalmente porque nosotras mismas estamos rebosantes de Su mismísima vida.

“No sólo seremos Tabernáculos, moradas del Supremo, sino que también seremos herramientas e instrumentos con los cuales Él, el Salvador Divino, el médico de nuestras almas, puede salvar almas.” Autobiografía, página 104-5.

La Eucaristía:

La Eucaristía es nuestra vida y la fuente de nuestra alegría.

Todas nuestras oraciones formales son recitadas en presencia del Santísimo Sacramento. A Sus pies, vertimos amor y oraciones para Su Cuerpo Místico. Somos familia y cada uno de los miembros de su Cuerpo son preciosos para nosotros, y nos preocupan muchísimo sus necesidades y preocupaciones. Depositamos todo en Su resplandeciente Corazón de Amor.

Un aspecto muy especial en nuestros Apostolados es que están unidos a nuestros Conventos. Sin embargo, nuestros Conventos son privados. Nuestra Querida Madre Fundadora nunca comenzó una Fundación sin el Santísimo Sacramento. Lo compartimos a Él con la gente a la que servimos. Pasar todo el día en el mismo edificio que Nuestro Señor y poder visitarlo a menudo durante el día y llevar a otros a Él (nuestros queridos residentes y niños) es el paraíso en la tierra.

“Estaba firmemente decidida a jamás establecerme en el Hogar sin el Santo Sacramento. Mi oración constante y principal en esos meses fue, por lo tanto, “Si vienes, yo también”. Era un lamento de amor y nostalgia. El Salvador comprendió estas palabras y amablemente escuchó esta súplica de amor, ¡que subía hacia Él cientos de veces” Autobiografía, página 72.

Nuestra Madre Fundadora también afirma, Nuestra mayor alegría al hacer una fundación nueva siempre es erigir otra morada para el Salvador Divino. Tenemos total confianza en que, de este modo, la fe y el amor de Dios despertará y crecerá en muchas almas.” Autobiografía, página 238-9.

Vida en comunidad::

El amor de la Eucaristía se extiende a todos los aspectos de nuestra vida y, en especial, a la vida en comunidad. Debemos ser un signo de amor y paz para el mundo. De la Eucaristía, recibimos a diario la gracia de “Ver a Dios, Servir a Dios y Amar a Dios en todo.” Autobiografía, página 363.

¡Qué grandioso es ese amor divino que une a los religiosos! Es este amor el que hace de la vida en la Orden un paraíso, a pesar de todos los sacrificios, dificultades y privaciones.

Además, “El amor del Salvador Divino, Quien, escondido en el Santísimo Sacramento, nos atrae hacia Él, como un imán, ¡y nos llena de su compasivo amor por Él y del amor entre nosotros!"

"En esta fuente de amor, el Santísimo Sacramento, nuestras almas se refrescan y se encienden más y más con el fuego del amor divino. Ese amor nunca descansa, pero ¡siempre produce llamas nuevas que se consumen en las obras de caridad hacia otros!” Autobiografía, página 224.

Resumen:

Como se puede observar, todos los aspectos de nuestra vida diaria están entrelazados y ella es una combinación perfecta de oración y acción que no puede separarse. Es un manto de calidez y amor que ponemos sobre el mundo para derretir la dureza y el frío que reside en las almas que han perdido el grandioso don de gracia santificadora o que son indiferentes a Él.

Es también la alegría radiante que ponemos en cada una de nuestras acciones la que lleva amor y felicidad a todo aquel que encontramos y servimos. Como dijo nuestra Querida Madre Fundadora, Una verdadera Carmelita del Sagrado Corazón de Jesús debería bajar de las alturas del Carmelo y dirigirse a la humanidad sin paz y cargada de pena como un ángel de paz y bienestar.” Autobiografía, página 263-4.

Si siente que Dios está convocándola a la vida religiosa, puede venir a visitarnos cuando lo desee. Nuestro Señor dijo a Sus discípulos: “Vengan y miren”. Extendemos esta misma invitación a usted. No dude en dar respuesta a Su amable voz. Es un gran honor que el Señor del Cielo y la Tierra le pida que sea Su novia.

“Me di cuenta de que Dios quería ser mi todo.”Autobiografía, página 52.

“Deseaba saber y hacer lo que la voluntad de Dios decía y mostrar a Él mi amor convirtiéndome en una Hermana.” Autobiografía, página 23.

Venga y vea cómo nosotras, como Hermanas Carmelitas del Sagrado Corazón de Jesús, seguimos al Cordero a donde sea que Él vaya.

Citas tomadas de la Autobiografía de la Bendita María Teresa de San José, Fundadora de las Hermanas Carmelitas del Sagrado Corazón de Jesús.